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Marketing y mujeres maduras: el segmento que sostiene el consumo y las marcas no entienden
Marketing Silver

Marketing y mujeres maduras: el segmento que sostiene el consumo y las marcas no entienden

Yosy Machado

Marketing y mujeres maduras

Más de 11 millones de mujeres mayores de 45 años viven hoy en España y participan de forma decisiva en la inmensa mayoría de las decisiones de compra. La mujer mayor de 45 años se ha convertido en uno de los perfiles más relevantes para categorías como salud, bienestar, belleza, alimentación, seguros o turismo. Sin embargo, muchas marcas siguen comunicándose con este segmento desde códigos alejados de su realidad actual. Entender esta transformación es una de las grandes oportunidades del marketing actual, porque el mercado ha cambiado más rápido que el imaginario creativo con el que muchas marcas siguen comunicándose.

La mujer +45: una realidad demográfica y económica clave

España está experimentando una transformación demográfica que redefine de forma directa quién sostiene el consumo. Según el Censo anual de población del INE, en España residen aproximadamente 47,8 millones de personas, de las cuales cerca de 24,4 millones son mujeres.

Si afinamos el foco, las mujeres de 45 años o más superan los 11 millones, lo que representa aproximadamente el 45% del total de mujeres en España y en torno al 23% de la población total.

A esto se suma un factor clave: la longevidad. Las proyecciones del propio INE sitúan la esperanza de vida femenina en niveles que superan ampliamente los 85 años, lo que extiende de forma considerable el ciclo de vida activo, social y económico de estas mujeres.

El resultado es un grupo poblacional masivo, sostenido en el tiempo y con un recorrido vital largo. No es una transición demográfica puntual, sino una nueva estructura de mercado. El reto para las marcas es asumir que esta estructura ya no es futura: ya está condicionando qué se compra, quién decide y qué mensajes resultan relevantes.

Este contexto configura un escenario donde la mujer madura deja de ser un segmento periférico para convertirse en una realidad demográfica central. El cambio demográfico abre una oportunidad clara para las marcas: dejar de tratar la madurez femenina como un territorio secundario y empezar a entenderla como una realidad estructural del mercado.

Salud y bienestar: el segmento más implicado en su cuidado (y menos entendido)

La salud y el bienestar forman parte central de la vida de muchas mujeres a partir de los 45 años. No como reacción puntual, sino como práctica sostenida: prevención, autocuidado, alimentación, actividad física y bienestar emocional se integran en el día a día como decisiones conscientes.

Este nivel de implicación no es menor. Supone un cambio en la forma de relacionarse con la salud: más información, más criterio y mayor exigencia hacia productos, servicios y profesionales. La salud deja de ser un ámbito exclusivamente clínico para convertirse en un espacio de gestión personal.

Este cambio también está transformando la idea misma de bienestar. Para muchas mujeres +45, la salud ya no se entiende únicamente desde la ausencia de enfermedad, sino desde la capacidad de mantener autonomía, energía, vida social, estabilidad emocional y calidad de vida a largo plazo.

La longevidad activa está modificando hábitos, prioridades y decisiones de consumo. Alimentación, descanso, actividad física, salud mental o bienestar hormonal dejan de percibirse como categorías separadas y empiezan a formar parte de una visión más integral del cuidado personal.

Este enfoque tiene además una dimensión cultural relevante: muchas mujeres están viviendo esta etapa desde parámetros muy distintos a generaciones anteriores. Mantienen una vida profesional activa, consumen contenido especializado, participan en conversaciones sobre salud y bienestar y buscan herramientas para sostener su calidad de vida durante más años.

Sin embargo, esta realidad convive con una brecha estructural que sigue presente.

Durante décadas, la investigación médica ha estado condicionada por un sesgo de género que ha limitado la representación de las mujeres en ensayos clínicos y estudios. Esto ha afectado al conocimiento disponible sobre cómo se manifiestan determinadas patologías, cómo se diagnostican y cómo se tratan en mujeres.

Diversos análisis internacionales apuntan también a diferencias en la forma en que se interpretan los síntomas o se abordan determinadas condiciones de salud, lo que ha contribuido a una menor comprensión de las necesidades específicas de las mujeres en distintos ámbitos médicos.

El resultado es una paradoja relevante: uno de los segmentos más implicados en el cuidado de su salud y bienestar es, al mismo tiempo, uno de los que ha estado menos presente en la construcción del conocimiento médico.

Este contexto redefine lo que las marcas necesitan hacer. La conexión se construye desde una comprensión más precisa de las expectativas y necesidades reales de estas consumidoras. Los mensajes que mejor funcionan son los que reconocen esa realidad y están a su altura.

El impacto socioeconómico de la mujer +45: quien realmente decide el consumo

El peso de la mujer a partir de los 45 años no se explica solo desde la demografía o la salud. Se entiende, sobre todo, desde su impacto directo en la economía y en las decisiones de consumo.

A nivel global, las mujeres influyen en aproximadamente el 70–80% de las decisiones de compra, según distintos análisis recogidos por Harvard Business Review y Nielsen. Este peso incluye tanto decisiones directas como indirectas dentro del hogar y el entorno cercano.

A esto se suma su impacto económico agregado. El “Libro Blanco de la Silver Economy” de Fundación MAPFRE sitúa el peso de la economía vinculada a los mayores de 55 años en torno al 26% del PIB en España, con previsiones de crecimiento sostenido.

La relevancia de este segmento también se refleja a escala internacional. Un estudio de Boston Consulting Group señala que los consumidores de entre 50 y 70 años representan ya alrededor del 27% del gasto en los mercados analizados, equivalente a unos 7 billones de dólares anuales en categorías como salud, viajes, automoción, alimentación o productos financieros.

Un análisis reciente de la misma consultora identifica una brecha significativa entre las necesidades de las mujeres y la oferta actual de productos y servicios, especialmente en ámbitos como la salud y el bienestar. Este desajuste configura lo que el informe denomina una “opportunity gap”, con un potencial económico de enorme escala a nivel global.

Además, el papel de la mujer +45 va más allá del consumo individual. Actúa como nodo de decisión en múltiples niveles:

  • En el hogar (alimentación, salud, seguros, educación)
  • En la familia (cuidado de hijos y, cada vez más, de padres)
  • En su propio consumo (bienestar, ocio, viajes, formación)
Esta combinación de capacidad económica, experiencia y responsabilidad la convierte en una figura central en la toma de decisiones.

Las marcas que entienden este equilibrio acceden a una ventaja competitiva clara: alinean su propuesta con quien impulsa el consumo y activan una oportunidad de crecimiento que, a día de hoy, sigue infraexplotada.

Mujer mayor y consumo en España - Marketing y mujeres maduras: el segmento que sostiene el consumo y las marcas no entienden

El error a evitar por las marcas: cuando la edad sustituye a la identidad

A pesar del peso económico y de la capacidad de decisión de la mujer +45, muchas marcas siguen comunicándose con este segmento desde una lógica simplificada: la edad como principal criterio de definición.

El resultado suele traducirse en campañas que agrupan perfiles muy distintos bajo una misma categoría, utilizando códigos visuales, mensajes y narrativas que no reflejan la diversidad real de estas mujeres.

Esta desconexión tiene consecuencias directas sobre la percepción de marca. Según AARP, el 86% de las mujeres mayores de 50 años considera que las mujeres de su edad están infrarrepresentadas en la publicidad, y dos tercios creen que, cuando aparecen representadas, las imágenes siguen reproduciendo estereotipos antiguos.

La cuestión no es únicamente quién aparece en las campañas, sino cómo aparece. Con frecuencia, la representación femenina en estas edades oscila entre dos extremos: o la invisibilidad o una versión estereotipada de la madurez, construida desde la pérdida, la nostalgia o la dependencia.

Frente a esta visión, la realidad es mucho más compleja y activa. La mujer +45 combina simultáneamente múltiples roles —profesional, cuidadora, consumidora digital, viajera o decisora financiera—, lo que hace imposible reducir su identidad a una única etapa vital. Esta simplificación empobrece la representación y limita la capacidad de identificación. Muchas marcas siguen construyendo campañas para un consumidor aspiracional que se parece más a la industria publicitaria que al mercado real.

Por qué la comunicación actual no conecta (y genera rechazo)

El problema de muchas campañas dirigidas a la mujer +45 no está solo en la representación, sino también en el tono. Muchas campañas adoptan un lenguaje excesivamente explicativo o paternalista, alejándose de un perfil acostumbrado a tomar decisiones, comparar información y desarrollar criterio propio.

En categorías como salud, bienestar o belleza, esta distancia se vuelve especialmente visible. Mientras las consumidoras evolucionan hacia una relación más consciente y sofisticada con su bienestar, algunas marcas continúan utilizando discursos centrados únicamente en la corrección, la edad o el problema. El riesgo no es solo parecer desactualizado: es invertir en campañas construidas sobre una consumidora que ya no existe.

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en aumentar la presencia de mujeres maduras en la comunicación. Consiste en construir representaciones más precisas, más contemporáneas y más alineadas con cómo estas mujeres viven y se perciben a sí mismas.

Las marcas que entienden este cambio dejan de segmentar únicamente por edad y empiezan a conectar desde la identidad, la experiencia y la relevancia cultural.

En los últimos años, la relación con categorías como salud, bienestar, belleza o estilo de vida ha evolucionado profundamente. La conversación ya no gira únicamente alrededor del cuidado físico, sino también del equilibrio emocional, la autonomía, la energía o la calidad de vida.

Sin embargo, gran parte de la comunicación continúa construyéndose desde códigos heredados de otra etapa: mensajes excesivamente funcionales, discursos centrados en la corrección o enfoques que sitúan la edad en el centro de la narrativa.

El resultado es una pérdida de relevancia. Y esa pérdida de relevancia no siempre se detecta en el corto plazo: puede aparecer como baja respuesta, menor recuerdo, menor afinidad o falta de conversión en categorías donde la decisión exige confianza.

Esta distancia se vuelve especialmente visible en sectores como:

  • salud y farmacia
  • belleza y cuidado personal
  • alimentación
  • seguros y bienestar
  • turismo y ocio
En todos ellos, la decisión exige niveles altos de confianza e identificación. En estas categorías, el error suele repetirse: mensajes que hablan de necesidad cuando la consumidora está pensando en bienestar; códigos que hablan de edad cuando ella está pensando en estilo de vida; campañas que buscan tranquilizar cuando podrían activar deseo, confianza o identificación.

En este contexto, las marcas compiten también contra una barrera cultural: muchas mujeres han aprendido a detectar rápidamente cuándo una campaña habla desde el estereotipo y cuándo parte de una comprensión real de su experiencia.

Eso modifica la forma en que se construye la relevancia. Los mensajes más eficaces son aquellos que reconocen complejidad, criterio y autonomía. La comunicación deja de funcionar desde la simplificación y empieza a hacerlo desde el reconocimiento.

Porque la mujer +45 no espera que una marca le explique quién es. Espera verse reflejada en códigos, conversaciones y narrativas que estén a la altura de cómo vive realmente.

Cómo comunicar con la mujer +45 sin envejecer la marca

Comunicar bien con la mujer +45 implica revisar tres elementos: tono, narrativa y representación: el tono, para evitar paternalismos; la narrativa, para hablar desde bienestar y autonomía; y la representación, para mostrar mujeres reconocibles sin renunciar a la aspiración.

En la práctica, esto implica varios cambios.

El primero es abandonar el lenguaje del tabú y construir conversaciones desde la normalidad. Hoy puede parecer evidente hablar de menopausia de forma abierta, pero hace apenas unos años no existía en el imaginario publicitario: no se hablaba de ella o se hacía desde un enfoque clínico, incómodo o excesivamente dramatizado.

Parte de ese cambio empezó a construirse hace años con el proyecto editorial desarrollado por Código Media para TENA Mujer en países como España, Portugal, Italia o Grecia. A través de plataformas como centradaenti.es, la conversación comenzó a abordarse desde otro lugar: de tú a tú, sin infantilizar, sin exagerar el problema y poniendo el foco en prevención, bienestar y calidad de vida.

La diferencia no está solo en el tema, sino en la forma de abordarlo: conversación directa, contenidos útiles y una mirada optimista sobre una etapa que hasta entonces se trataba como problema o se evitaba por completo.

Ese aprendizaje permitió detectar algo importante mucho antes de que el mercado empezara a hablar abiertamente de menopausia o longevidad activa: las mujeres +45 respondían mucho mejor a una comunicación basada en cercanía, honestidad y reconocimiento de su experiencia real.

Esto transforma la relación con categorías como salud, belleza, alimentación o cuidado personal: valoran la información útil, la transparencia y las propuestas alineadas con su estilo de vida, más que los mensajes aspiracionales vacíos. Las marcas que conectan mejor son aquellas capaces de construir mensajes útiles, relevantes y alineados con esa realidad.

La representación también necesita abandonar visiones homogéneas de la madurez. Y, sobre todo, cambia el territorio emocional desde el que se comunica. Conceptos como bienestar, autonomía, energía, prevención o longevidad activa conectan mucho más con la realidad actual de estas consumidoras que discursos centrados exclusivamente en la edad.

Porque comunicar con la mujer +45 no implica adaptar una marca a un público senior. Implica desarrollar una mirada más precisa sobre cómo evoluciona hoy el consumo, el bienestar y la identidad femenina.

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La paradoja del marketing hacia la mujer

La paradoja es evidente: uno de los perfiles más relevantes para el mercado sigue ocupando un lugar secundario en muchos imaginarios publicitarios y culturales. La aspiracionalidad de marca sigue construyéndose, en muchos casos, desde códigos asociados a etapas mucho más jóvenes.

El resultado es una paradoja frecuente en marketing: campañas dirigidas a consumidoras maduras que evitan parecer maduras.

Entender esta tensión es clave para las marcas. La oportunidad está en construir una aspiracionalidad más contemporánea: menos basada en juventud como único ideal y más conectada con autonomía, bienestar, experiencia, vitalidad y criterio.

Entender a la mujer +45 ya no es una cuestión de segmentación. Es una forma de anticipar hacia dónde se mueve el consumo.

Autor: Carla Noguera